Dados los mundialmente acontecimientos relacionados a la seguridad nacional, en donde un poderoso delincuente fue abatido en un operativo, desencadenando una ola de violencia que duró alrededor de 12 horas en la ciudad de Guadalajara, una de las 3 sedes mexicanas del próximo mundial, se generó esta pregunta que se hacen los aficionados al fútbol, especialmente los revendedores.
También es un deseo de cierta parte de la población, de esa que le apasiona ver que a México le vaya mal y que ni siquiera es por pensar en la seguridad de nacionales y extranjeros que planean venir a México, simplemente por el deseo visceral de ver a México fracasar en lo que sea.
Pero bueno, para dar mi opinión en esta columna, me gustaría ahondar en un anglicismo que sonará hipster, pero que es un término que se utiliza desde el inicio de las competencias internacionales de fútbol, por allá de inicios de los 1900: “sportwashing”.

El significado sería como “lavar la imagen con deporte” y para eso, les haré una remembranza de varios mundiales de fútbol que los gobiernos usaron para pararse el cuello o que llegaron “casualmente por obra del destino” al tiempo y espacio adecuado, justo a países donde había problemas políticos y sociales fortísimos, y que sirvió de bola de estambre pasajera para olvidar dichos acontecimientos.
El primer mundial de la historia, Uruguay 1930. Después de varios intentos fallidos, el primer mundial de la historia se llevó a este pequeño país sudamericano para celebrar su centenario de independencia a solicitud del gobierno, Uruguay también fue campeón del mundo.

El mundial de Italia 1934 se jugó casualmente en los tiempos del dominio total de Benito Mussolini y su fascismo, ya saben, tiempos de autoritarismo, dictadura, represión, desapariciones, etc.
La pasión por este deporte era tal en “Il Deuce”, que llevó a jugadores argentinos de ascendencia italiana para que jugaran en su equipo. Mussolini envió a su entrenador una frase motivante y amenazadora, “vencer o morir”.
¿El campeón? Claro, Italia

Francia 1938. El mundial de 1938 sugería una alternancia con Sudamérica, Argentina se perfilaba para ser el siguiente, pero de última hora, el presidente de la FIFA, Jules Rimet, llevo el mundial a su país de origen, al corazón de una Europa que estaba tensa por el inicio de la segunda guerra mundial.
Nos brincamos varios mundiales, hasta Chile 1962. Argentina seguía en la espera de ser organizador desde entonces, otra vez parecía favorita, pero en 1960 ocurrió un devastador terremoto en Valdivia, Chile en 1960, que, por cierto, es el terremoto más fuerte registrado en la historia moderna, con 9.5 magnitud de momento.
Este fue el motivo perfecto para que los comisarios chilenos solicitaran la sede a varios países europeos, con el argumento de mostrar al mundo que su país estaba de pie, y finalmente se llevó la votación con el apoyo de países europeos.

México 1970. Después de los ya conocidos hechos de la matanza de Tlatelolco a manos del gobierno mexicano, los juegos olímpicos de 1968 no lavaron lo suficiente la cara del régimen.
En otra sorpresiva votación, México le arrebató la sede otra vez a Argentina, esto muy seguramente de la mano de Televisa, quien ya tenía esa fórmula para entretener a la población. Y que, por cierto, fue la primera transmisión de un mundial a color en todo el mundo.
La fiesta salió bien de momento, con un histórico Pelé en suelo mexicano y un Brasil mágico. El gobierno mexicano, no conforme, dio otra masacre al año siguiente, con el famoso Halconazo de 1971.

Alemania (Federal) 1974. Después de ser los incendiarios y detonantes de la segunda guerra mundial, Alemania Federal se podría enfrentar a una sanción sin organizar fiestas deportivas por lo que restaba del siglo, sin embargo, en abril y julio de 1966, se les concedió organizar las olimpiadas y el mundial respectivamente.
Las olimpiadas de 1972, que salieron remal por el atentado terrorista contra la delegación israelí en Munich, a mano del grupo Septiembre Negro.
Así que el mundial fue la carta fuerte de su “sportwashing” teniendo como preámbulo reivindicador, el partido entre Alemania contra Alemania, la Federal contra la Democrática, la Oriental contra la Occidental.
Y su consagración del lavado alemán fue lograr el campeonato del mundo, un auténtico bálsamo para su pueblo.
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Una de las más polémicas, Argentina 1978, en tiempos de dictaduras latinoamericanas, empoderadas por los Estados Unidos, Henry Kissinger y la operación cóndor, el mundial fue a caer mágicamente a las manos de Argentina, ¡por fin después de varios intentos desde 1930!
El General Jorge Rafeal Videla, el militar golpista que desapareció miles de personas opositores, políticos, inocentes y disidentes, fue la cara de esa fiesta mundial bajo sospechas de una intimidación a los equipos rivales en los vestidores, específicamente a sus vecinos peruanos, además de diversos métodos como el acomodo de horarios y partidos, según cuentan los mitos urbanos argentinos.
Argentina, claro, fue campeón del mundo por primera vez.

Para España 1982, fue un ambiente similar de curación.
Después de dictadura similarmente sangrienta de 4 décadas de Francisco “El Generalísimo” Franco, quien murió en 1975, España publica una nueva constitución en 1978, así que el mundial era ideal para que este país le mostrara al mundo que estaba estrenando democracia y una nueva nación.
México 1986, de nueva cuenta nuestro México. Este mundial había sido originalmente asignado a Colombia en 1974, quien tenía 12 años para organizar la fiesta del futbol, sin embargo, en 1982 anuncia que no pudieron prepararse con la infraestructura adecuada para el magno evento y renunciaban a la organización.
Ahí es donde México levanta la mano para organizar de nueva cuenta la competencia y convertirse en el primer país en ser doblemente mundialista.
En medio de una de las peores crisis económicas de su historia, el gobierno del totalmente inepto, corrupto y llorón de José López Portillo, con una devaluación de mas del 400%, una inflación de más del 100% anual y un crecimiento de la deuda externa gigantesco, se adjudica la fiesta mundialista.
El futbol fue el espectáculo ideal para que el país olvidara por un rato la catástrofe económica, con una selección mexicana con Hugo Sánchez en niveles de elite, creando expectativas por los cielos, pero perdiendo como siempre.
Así como Mexico 1970 fue de Pelé, Mexico 1986 fue de Diego Armando Maradona.

Italia 1990 tuvo también fue un jabón para lavar la década política de los ochenta. El país estaba infestado de corrupción a niveles futbolísticos, gubernamentales y de las mafias italianas.
El escándalo tronaría dos años después con la Operación Manos Limpias, que llevo a muchos políticos a la cárcel. Casualmente de ese entorno y como un salvador surgió como primer ministro Silvio Berlusconi, quien manejaba la televisión italiana antes, durante y después del mundial, un personaje televisionero e igualmente corrupto que los anteriores.
Damos un brinco hasta Sudáfrica 2010, un país que estaba fundado sobre un tema racial, donde la sociedad convivía en dos colores, los afrodescendientes en una banqueta y los anglosajones en la otra, el famoso Apartheid.
Fue Nelson Mandela quien luchó toda su vida contra esta ley absurda, al derrotarla, se volvió la imagen de una nación y claro de la FIFA.

Este mundial tuvo varias vertientes:
- Fue la primera ocasión que Africa era sede de la fiesta del futbol
- También este mundial se usaba para mostrar al mundo que Sudáfrica ya era un mismo país.
- El presidente de la FIFA en ese entonces, Joseph Blatter usaba este mundial como su propio “sportwashing”, aliando los 52 votos del continente africano para hacerse más poderoso y reelecto.
Algunos años después emergieron sospechas sobre sobornos o inclusive un mal conteo en la votación para elegir a Sudáfrica sobre Marruecos, otro gran perdedor histórico de las candidaturas mundialistas.
Ya, por último, Brasil 2014. El país futbolero por excelencia, cuando uno piensa en futbol, de inmediato piensa en Brasil, y la fiesta del futbol debía volver ahí. En 2007 ganó la votación para ser sede, el país pasaba por una buena y esperanzadora etapa económica y la sociedad estaba entusiasmada con el fiestón futbolero.
Pero conforme se acercaba la fecha fueron incrementando las protestas sociales por el despilfarro que significa organizar un mundial, la gente prefería hospitales, escuelas y mejores condiciones económicas para las favelas brasileras, esas miniciudades llenas de narcotráfico y pobreza donde viven millones de personas.
De hecho, fue ahí donde hubo las mayores polémicas previas al mundial, la policía y ejército brasileño hicieron una “limpia” de delincuentes que significaron ejecuciones extrajudiciales, abusos policiacos, muerte de policías y civiles, y para rematar, perros. Miles de perros fueron erradicados de las calles de la capital brasileña que se preparaba para recibir al mundo.
La eliminación de Brasil, país sede y favorito a ser campeón, a manos de Alemania con un catastrófico 7 a 1, fue la consagración de lo que podría ser el antónimo a “sportwashing”, una ensuciada de imagen tremenda. Al final Brasil se quedó sin ese dinero, sin hospitales, sin escuelas y sin la sexta copa del mundo en su escudo.

En conclusión, y con todos estos argumentos, lo que sucedió en Guadalajara, próxima sede mundialista, no es peligroso para la FIFA y para el gobierno mexicano, sino todo lo contrario.
Son los ingredientes perfectos de una receta de casi 100 años de tradición, ideales para hacer olvidar por un momento la situación regional y de pasada lavar su imagen ante el mundo. La Ciudad de Mexico, Guadalajara y Monterrey deberán ser las ciudades más seguras del país. Dos partidos políticos serán los afortunados o desafortunados en esta ocasión.
P.D. Claro que los mundiales más recientes (Rusia 2018, Catar 2022 y Estados Unidos 2026), también tuvieron su gran dosis de lavado de imagen, pero esa es la próxima historia.
Ssssssaludos







