Obscenidad, la palabra utilizada para describir a Jim Morrison y The Doors en una serie de cartas enviadas al director del FBI, John Edgar Hoover, que se convertió en una investigación por la conducta inmoral del cantante.
Y es que Jim Morrison, en el mundo del Rock and Roll, era conocido por ser el vocalista de la agrupación, las letras de sus canciones y presentaciones en vivo (varias terminaron en arrestos), pero también fue parte de una investigación de la agencia estadounidense.

Aunque los archivos del Rey Lagarto fueron desclasificados por el FBI varias décadas después, revelan la tensión entre la contracultura de la época y las instituciones del poder en Estados Unidos a finales de los sesenta.
Las cartas al director del FBI
Todo comenzó en marzo de 1969, cuando directivos de la Jefferson Standard Broadcasting Company enviaron misivas al senador Sam J. Ervin, Jr. y al temible director del FBI, J. Edgar Hoover, conocido por encabezar una «cacería» contra John Dillinger, quien fuera considerado el primer “enemigo público número uno” de Estados Unidos.
Sin embargo, Jim Morrison y The Doors no fueron los únicos, ya que la agencia federal también cuenta con documentos de investigaciones realizadas a otros músicos como: John Lennon, Jimi Hendrix y Janis Joplin.
En el caso del líder de The Doors, J. Edgar Hoover recibió decenas de cartas en donde se le pedía al funcionario estadounidense que arrestara al cantante, ya que lo que consideraban una “ola de pornografía musical”.
En las cartas se denunciaba a grupos como The Fugs, el álbum Two Virgins de John Lennon y Yoko Ono, pero especialmente, las presentaciones en vivo de Jim Morrison, donde los remitentes pedían “detener la venta de semejante basura” y sugerían llevar el caso hasta el presidente de la nación.

Los documentos interno del FBI muestran que Hoover compartía la misma indignación moral, pues, incluso, en una nota confidencial, calificó el material como “repulsivo para la gente de bien” y ordenó su revisión por la División de Investigaciones Generales.
Tras varios meses de investigación y de documentar las actividades de las presentaciones de The Doors, pero especialmente de Morrison, los propios fiscales federales concluyeron que no existía base legal para procesar por «obscenidad» ni a los músicos ni a las disqueras.
Arresto en Phoenix
Ocho meses después, el nombre de Jim Morrison volvería a aparecer en los reportes del FBI, luego de que el 11 de noviembre de 1969, la oficina de Phoenix recibió un informe urgente sobre el posible arresto del cantante en el aeropuerto.
“Jim D. Morrison (posiblemente idéntico a James Douglas Morrison, vocalista de The Doors) fue arrestado por interferir con la tripulación de vuelo de Continental Airlines”, señala el reporte de la policía de Phoenix al FBI.
El reporte describe un vuelo caótico, donde Morrison y su acompañante, Thomas Frederick Baker, viajaban en primera clase intoxicados, burlando las normas de seguridad, bebiendo licor de contrabando y profiriendo obscenidades hacia las azafatas.
Según los testigos, el cantante ignoró las advertencias del capitán, se negó a sentarse durante el aterrizaje y lanzó insultos a los pasajeros. Además, al momento de aterrizar en Phoenix, Arizona, ambos fueron arrestados por asalto, intimidación e interferencia con la tripulación bajo el Título 49 del Código de Estados Unidos.
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El expediente señala que el FBI verificó la identidad de Morrison, relacionándolo con sus antecedentes previos: “borrachera, hurto menor de un casco policial, resistencia al arresto, conducta lasciva”.
Sin embargo, tras iniciar con el proceso judicial en contra del cantante, un testigo que era clave se retractó de su declaración inicial y Morrison fue absuelto de los cargos federales.
Censura musical
Los archivos del FBI cuentan con por lo menos dos documentos conformados durante meses de investigación contra The Doors y el cantante de «People Strange». Uno de ellos específicamente de Jim Morrison, compuesto de siete páginas y el segundo contiene 95.
Los documentos muestran que la persecución contra Morrison no fue un hecho aislado sino que se trató de intentos de represión política y censura artística, ya que el FBI consideraba a la contracultura como una amenaza al orden moral.
Durante ese tiempo, Hoover ordenaba vigilar a músicos, artistas, activistas e integrantes del crimen organizado por igual, además de que las denuncias por “indecencia” se convertían en instrumentos de control social.
Dos años más tarde que se iniciara con la investigación a Morrison fallecería en París tras una sobredosis, cuyo legado sigue vigente hasta fecha, pese a que han pasado casi 55 años desde su muerte.

Jim Morrison y The Doors fueron sólo algunos de los muchos artistas que encarnaron una lucha de la libertad creativa en contra de la autoridad en Estados Unidos y que fueron investigados por las agencias federales de inteligencia.
Las cartas de indignación, informes y reportes policiacos que conforman los expedientes del FBI narran los excesos de los «rock stars», pero también evidencian a una sociedad y un sistema que temían enfrentarse a una revolución cultural que desbordaba «obscenidad».







