Una película animada producida en Ciudad Juárez busca abrir espacio a la industria creativa local tras su estreno el 25 de marzo en La Rodadora, donde un equipo independiente presentó un proyecto dirigido al público infantil.
El largometraje titulado «Un león marino llamado Arturo» surgió a partir de un libro escrito en 2016 por Liza Di Georgina, quien explicó que el proyecto evolucionó durante tres años hasta concretarse como la primera producción animada local.

La autora indicó que la película es un trabajo familiar sin financiamiento externo, donde participaron creadoras juarenses en distintas áreas, desde la animación hasta el diseño sonoro, con el objetivo de demostrar la capacidad creativa existente en la ciudad.
Producción local sin financiamiento externo
La animación estuvo a cargo de París de Georgina, quien dirigió el proyecto y realizó más de 100 mil dibujos digitales para construir la historia en formato 2D, mientras que Clio British Rojero coordinó la producción de audio.
El equipo explicó que el largometraje tiene una duración de una hora con 20 minutos y está enfocado en niñas y niños, con un mensaje centrado en valores como la solidaridad, la esperanza y la convivencia social.
Las 13 voces que integran el reparto pertenecen también a talento local, lo que refuerza la intención del proyecto de visibilizar la producción cultural de Ciudad Juárez desde una perspectiva independiente y con recursos limitados.
Espacios públicos y proyección a cine comercial
Liza Di Geiorgina señaló que las grabaciones de voz se realizaron en un estudio del municipio que fue facilitado sin costo, lo que permitió mejorar la calidad técnica del proyecto sin recurrir a financiamiento privado.
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El equipo indicó que la película continuará su recorrido con la intención de llegar a salas comerciales, mientras buscan posicionar el proyecto como un referente de producción audiovisual local en la frontera norte del país.
La apuesta por una película animada desde Ciudad Juárez ocurre en un contexto donde la producción cultural independiente enfrenta limitaciones de recursos, lo que abre una discusión sobre el acceso a financiamiento y espacios para creadores locales.







