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Frontera

Colectivos denuncian impunidad a 10 años de Ayotzinapa

A una década de la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, integrantes de diversos colectivos en Ciudad Juárez realizaron un evento político-cultural en conmemoración de este hecho.

El evento fue convocado por integrantes de FEDEFAM, el Grupo de Acción por los Derechos Humanos y la Justicia Social, el Bloque de Izquierda Independiente, Frontera Palestina y RESISSSTE.

Gero Fong, integrante de los colectivos Bloque de Izquierda Independiente y Frontera Palestina, indicó que tanto las investigaciones independientes como las gubernamentales han señalado directamente la participación del Ejército Mexicano en los hechos, pero el Estado Mexicano ha interrumpido el proceso, negando justicia a las familias.

«Por las declaraciones que se han hecho por, digamos las tendencias que se han visto, en el Gobierno de Claudia Sheinbaum, lo único que podemos esperar es que vaya a seguir habiendo impunidad para el Ejército», señaló.

En la manifestación participaron entre 15 y 20 personas / Foto: José Luis Del Real

El activista también abordó la militarización del país, especialmente tras la reforma que integra a la Guardia Nacional bajo el mando de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

Indicó que esta medida beneficia principalmente a los intereses empresariales, ya que garantiza la represión y la continuidad de negocios que muchas veces implican el desplazamiento de poblaciones y la represión de voces críticas, incluidos periodistas.

«No dice nada de si el Ejército es bueno para actuar en las comunidades indígenas en las comunidades campesinas, entonces desde el punto de vista del empresariado, ellos están contentos con la militarización porque la militarización asegura la represión, asegura que los negocios continúen que son negocios en donde a veces es necesario limpiar poblaciones, asesinar periodistas incómodos», afirmó.

El padre de Esmeralda Castillo, desaparecida hace 15 años, se sumó a la protesta / Foto: José Luis Del Real

En la manifestación participaron miembros del Bloque de Izquierda Independiente, quienes abogan por la creación de una organización independiente del gobierno que luche contra la militarización y por los derechos humanos.

También Frontera Palestina, por su parte, enfoca su lucha en la exigencia de que México rompa relaciones diplomáticas con Israel, al que acusan de genocidio en contra del pueblo palestino y FEDEFAM, una organización que está buscando desaparecidos políticos desde los años setentas.

En las mantas que utilizaron los manifestantes persiste el reclamo de ¿Dónde están los 43? / Foto: José Luis Del Real

Fong indicó que, en este contexto, los colectivos han convocado a una manifestación binacional el próximo 5 de octubre, en el marco de la jornada global de apoyo al pueblo palestino.

En esta protesta, exigirán nuevamente que Estados Unidos deje de apoyar lo que llaman «terrorismo de Estado» perpetrado por Israel.

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Fotos: José Luis Del Real

Especiales

La ‘verdad histérica’: López Obrador y el caso Ayotzinapa

A una década de la desaparición de los 43 normalistas, la “verdad histórica” que tanto daño causó a las familias regresa en las acciones del actual gobierno que, lejos de resolver lo ocurrido, falsifica pruebas para cerrar el caso, se entromete hasta dinamitar el proceso judicial, protege a los militares para que no sean culpados ni den la información que ocultan, ignora la montaña de evidencia científica sobre el crimen de Estado, lanza conclusiones basadas en testigos mentirosos y desacreditados y favorece el eterno retorno de la impunidad

“El peso más grande. ¿Qué ocurriría si un día o una noche un demonio se deslizara furtivamente en la más solitaria de tus soledades y te dijese: ‘Esta vida, tal y como tú ahora la vives y como la has vivido, deberás vivirla aún otra vez e innumerables veces, y no habrá en ella nada nuevo; sino que cada dolor y cada placer, y cada pensamiento, y cada suspiro, y cada cosa indeciblemente pequeña y grande de tu vida deberá retornar a ti, y todas en la misma secuencia y sucesión: y así también esta araña y esta luz de luna entre las ramas, y así también este instante y yo mismo. ¡El eterno reloj de arena de la existencia se invierte siempre de nuevo y tú con ella, granito de polvo!’”, Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia

Al parecer, estamos condenados. El demonio se ha deslizado furtivamente en la más solitaria de nuestras soledades y estamos viviendo lo que ya hemos vivido, y lo estamos viviendo aun otra vez e innumerables veces.

Cada dolor y cada espanto, cada análisis y cada prueba arrojada ante las mentiras, y cada invento y cada escenario falso, y cada fabricación y cada negación. Estamos atrapados, como siempre lo hemos estado. 

La clase política endemoniada ha dicho que sí al famoso planteamiento del filósofo alemán, ha dicho que sí quiere seguir viviendo en la misma impunidad de siempre, que podrá vivir toda la eternidad en la repetición constante de las mismas mentiras, el mismo encubrimiento de los crímenes de Estado, los mismos ciclos de opresión y represión.

¿Una cuarta transformación? Aquí reina el eterno retorno de la impunidad.

Es el ocaso del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, se cumplen diez años de la atrocidad cometida por policías, soldados y sicarios en Iguala, Guerrero, y la investigación oficial de la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa vuelve a su origen: el basurero de Cocula y la “verdad histórica”. 

¿Cómo llegamos hasta aquí? 

De la “verdad histórica” de Peña a la  “verdad histérica” de López Obrador

He detallado en otros textos cómo el gobierno de López Obrador operó en 2022 para cerrar filas alrededor de los militares, ejercer un control político sobre la investigación del caso Ayotzinapa y quitar del camino a quienes insistieran en seguir investigando conforme a la ley. Aquí haré solo un breve resumen. 

López Obrador ordenó al presidente de la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia en el Caso Ayotzinapa (Covaj), Alejandro Encinas, preparar un informe sobre el caso. Este fue elaborado en secreto, a espaldas de las familias —que también forman parte de la Covaj—, del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) y del propio fiscal especial del caso.

El informe fue presentado en agosto de 2022 ante las familias —a las que causó un daño profundo al incluir supuestos chats de los perpetradores que narraban una historia de horror respecto al destino de sus hijos— y rápidamente desacreditado por basarse, una gran parte, en información falsificada: esos mismos chats. 

López Obrador mandó arrestar al exprocurador Jesús Murillo Karam  la misma semana de la presentación del informe de la Covaj, aunque la investigación y la consignación en curso no estaban listas. Luego, para cumplir con su orden, el fiscal general Alejandro Gertz Manero obligó a renunciar al fiscal especial del caso, Omar Gómez Trejo, y a casi todo su equipo durante el mes de septiembre de 2022. Estas intromisiones provocaron la renuncia en octubre de dos miembros del GIEI.

Dos se quedaron para avanzar en la investigación, pero presentaron su dimisión junto con un sexto informe en julio de 2023, que mostraba las repetidas mentiras y la cerrazón total del Ejército respecto a la documentación existente en sus archivos y las acciones de los militares durante la noche del 26 al 27 de septiembre de 2014. 

El presidente reconoce su manipulación del caso —insiste en que no hay nada malo en ello— en su libro ¡Gracias! En el apartado que dedica a Ayotzinapa (páginas 518 a 535), López Obrador cuenta esta misma historia: “Desde principios de 2022, empecé a solicitarle a Alejandro Encinas, entonces subsecretario de Derechos Humanos en la Secretaría de Gobernación, que se apurara en los interrogatorios y en la búsqueda [de los normalistas] y que se elaborara, con la información obtenida hasta entonces, una primera versión que ayudara a esclarecer lo realmente sucedido”. 

Cabe recordar que, a inicios de 2022, el GIEI presentó su tercer informe al gobierno y a las familias, del que solo se hizo público un resumen. Ese informe incluía documentos encontrados en los archivos del Ejército y de la Marina, así como videos de un dron de la institución naval que mostraban acciones ilegales de ambas instancias militares que habían sido ocultadas hasta entonces. 

Sigue contando López Obrador en su libro: “En estas circunstancias, en el mes de agosto de 2022, Alejandro Encinas me presentó un documento titulado ‘Primer Informe de la Presidencia de la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia en el Caso Ayotzinapa’, con dos anexos de sustento a la relatoría principal. Una vez leí el informe, me pareció creíble; invité al fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, y al presidente de la Suprema Corte de Justicia, Arturo Zaldívar, a una reunión junto con Alejandro [Encinas] y Adán Augusto López, entonces secretario de Gobernación, para pedirle al fiscal general que si consideraban suficientes las pruebas presentadas en ese informe, se procediera a elaborar la documentación respectiva para solicitar al juez las órdenes de aprehensión de 41 personas señaladas como presuntos responsables en el caso Ayotzinapa”. 

El presidente lo narra como la cosa más natural e inocente del mundo, pero lo que cuenta es la intromisión política que dinamitó el caso jurídico más grande y emblemático de su sexenio. López Obrador confunde —a propósito, quizás—  un informe de una comisión de la verdad con las pruebas que llevaba más de dos años trabajando la Unidad Especial para la Investigación y Litigación del Caso Ayotzinapa (UEILCA).

Llama la atención que el mandatario no invitara al fiscal especial encargado del caso a su reunión, pero sí al presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (¿para asegurar desde lo más alto que las órdenes de aprehensión serían otorgadas por el juez?).

Llama también la atención la manera en que López Obrador y Alejandro Encinas presentaron el informe a las familias: en un acto solemne, con la presencia del gabinete, distinto a cualquier encuentro previo; una puesta en escena para cerrar el caso y despedirse.

Y, sobre todo, llama la atención lo que ahora sabemos: ese informe realizado en secreto a petición de López Obrador y usado por el propio presidente para instruir al fiscal general y al presidente de la Suprema Corte de Justicia a tomar acciones en el caso, se basó en chats de WhatsApp falsificados.

Alejandro Encinas, entonces subsecretario de Derechos Humanos, durante la presentación del informe de la Covaj, de la que era presidente, en agosto de 2022. (Paola Macedo/ObturadorMX)

Para intentar justificar lo injustificable, López Obrador recurre a una táctica común y nada sutil: culpar a las víctimas.

En este caso, el mandatario acusa a las personas que intentaron llevar a cabo una investigación imparcial —el fiscal al frente de la unidad especial Omar Gómez Trejo y su equipo, los abogados de derechos humanos que representan a las familias, los miembros del GIEI— de ser quienes buscaron poner obstáculos a la justicia.

Acusa también a Gómez Trejo y su equipo de negarse al arresto de Murillo Karam. Eso no es cierto: más bien, según lo que el exfiscal me dijo en entrevista, pedían tiempo, querían girar la orden de aprehensión con una acusación sólida y no porque el presidente buscaba un titular en los periódicos para acompañar a su informe apócrifo. 

El jueves 18 de agosto presentaron el informe de la Covaj. Al día siguiente, policías federales detuvieron a Murillo Karam con una orden de aprehensión elaborada en dos días por abogados de Asuntos Internos ajenos a la investigación.

Ese mismo viernes 19 de agosto, la UEILCA giró 83 órdenes de aprehensión en el caso, 19 contra militares. Unas semanas después, el 13 de septiembre, en un acto sin precedentes, y con la oficina de la UEILCA invadida por Asuntos Internos, la fiscalía canceló 21 de esas órdenes de aprehensión, 16 contra militares. 

López Obrador, entonces, acusa al equipo de la UEILCA de querer “reventar la instrucción incluyendo [en las órdenes de aprehensión] a más militares” que los cinco mencionados en el informe de la Covaj.

Es de no creerse: el presidente acusa al fiscal especial del caso de buscar “reventar” un procedimiento judicial  por emitir órdenes de aprehensión contra militares, basadas en pruebas recabadas en más de dos años de trabajo, porque considera que se excedió en el número.

¿Cómo sabe eso López Obrador? Porque Gómez Trejo judicializó a más militares que los citados en un informe sin validez jurídica y basado en pruebas falsificadas. 

El presidente acusa además a las organizaciones de derechos humanos que han apoyado a las familias desde el día de los ataques en contra de sus hijos de ser “de corte conservador y religioso vinculadas al senador filopanista Emilio Álvarez Icaza, exsecretario de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, un organismo que prácticamente está al servicio del Departamento de Estado de los Estados Unidos”.

Para López Obrador, estas organizaciones y “algunos integrantes del grupo internacional de asesores, mejor conocido como GIEI”, que él mismo invitó a volver al país, quisieron desprestigiar a la institución castrense y así apoyar los intereses del gobierno de los Estados Unidos en México. 

Fue así como, en 2022, pasamos de la “verdad histórica” del gobierno de Peña Nieto a la “verdad histérica” de López Obrador: un intento de cerrar el caso igual de falso e insidioso, pero ahora con el agregado de que es el presidente de México quien se presenta como la víctima de un complot internacional.

Tal es su descaro, que repitió la torcida fantasía que publica en su libro en un “reporte” personal dirigido y entregado a las familias en julio de 2024 y en un refrito del mismo fechado hoy, el día del décimo aniversario de la desaparición de los estudiantes. 

“Usted, sr. presidente”, escriben las madres y los padres de los 43 normalistas en una carta pública en respuesta al reporte de julio de López Obrador, “nos ha mentido, nos ha engañado y traicionado. […] Sencillamente no quiso cumplir. No solo nos falló a nosotros, sino también a todo el pueblo de México, el cual también ingenuamente le creyó en algún momento. […] Nos gustaría recordarle, presidente, por si también lo ha olvidado, que la víctima no es usted, sino somos nosotros los que perdimos a nuestros hijos a causa de un crimen de desaparición forzada, crímenes que, por cierto, se han incrementado como nunca en la historia de nuestro país, así como el alza de la delincuencia organizada”.

Pero López Obrador, durante su sexenio y en su refrito de reporte de este 26 de septiembre, se preocupa más por denunciar al ex fiscal especial, a su equipo, al GIEI y a la periodista Anabel Hernández —de las siete páginas que escribe, 2.5 son una cita del libro que publicó sobre Ayotzinapa—, que por las familias y los desaparecidos.

En el informe y los cinco anexos que publica hace una sumatoria de cifras (reuniones, búsquedas en campo, declaraciones de testigos) en vez de cumplir su promesa de investigar hasta llegar a la verdad de los hechos y dar con el paradero de los estudiantes.

Un letrero en la entrada a Tixtla recuerda en junio de 2015 la exigencia de hallar con vida a los estudiantes. (John Gibler)

La evidencia inconveniente

En su libro ¡Gracias!, López Obrador expone su teoría del caso: “Considero que la desaparición y crimen de Iguala no fue ordenado por el presidente, ni por el secretario de la Defensa, ni por ninguna autoridad federal de alto rango, sino que esta tragedia criminal e injustificable es producto fundamentalmente de la asociación delictuosa entre autoridades locales y la delincuencia de la región”.

Esta “consideración” de López Obrador —que repite la versión de la “verdad histórica”—, sin embargo, tiene un grave inconveniente: la evidencia. Ha quedado documentada desde hace años la participación de policías municipales, policías estatales, policías ministeriales del estado y policías federales en los ataques en Iguala y la desaparición de los estudiantes.  

Pero el problema mayor de la argumentación del presidente respecto a la desaparición de los normalistas es el Ejército.

Durante el sexenio de López Obrador, el GIEI encontró documentos militares, testimonios de testigos y análisis de telefonía de los militares en Iguala correspondientes a la noche del 26 de septiembre de 2014 que muestran que el Ejército observó y monitoreó los ataques y la desaparición de los estudiantes en tiempo real a través de agentes infiltrados, personal de inteligencia, el control del sistema de vigilancia C4 en Iguala, y patrullajes por los diferentes lugares de los hechos durante toda la noche. Y que el Ejército mintió sobre lo anterior durante años, y sigue mintiendo. 

López Obrador no habla de esta documentación ni en su libro, ni en su reporte a las familias, ni en sus mañaneras. Miente.

Dice que el Ejército entregó toda la documentación que existe, aunque faltan, por lo menos, 835 documentos del Centro Regional de Fusión de Inteligencia (CRFI) en Iguala, fechados entre el 30 de abril y el 22 de octubre de 2014.

Dice, sin presentar evidencias, que los abogados de derechos humanos y el GIEI quieren desprestigiar a la institución castrense. 

Sus maniobras discursivas —la evasión, la negación, la mentira, la tergiversación— son transparentes. Mientras las familias piden algo concreto, como los 835 documentos del CRFI, López Obrador repite su mentira: “No es cierto que el Ejército no entregó todo”.

Mientras el GIEI comparte en su sexto informe el análisis de la telefonía de los militares del Batallón 27 en Iguala durante las horas del ataque, que muestra cómo mintieron durante años y cómo sí salieron constantemente a patrullar las zonas donde se llevaron a cabo las desapariciones, López Obrador escribe: “El señalamiento al Ejército, sin pruebas, me produce mucha desconfianza, y sostengo que podría obedecer a un afán de venganza de personas o instancias del extranjero para debilitar a una institución fundamental del Estado mexicano”. 

Más bien, reducir la documentación, los testimonios y la evidencia del caso a un “señalamiento al Ejército, sin pruebas”, es un claro intento de blindar y encubrir a la institución que López Obrador ha cobijado y empoderado durante su gobierno como ningún otro presidente en la historia (el 25 de septiembre el Senado aprobó la adscripción militar de la Guardia Nacional, completando la militarización de la policía federal).  

En su libro, el presidente incluye citas de tres fuentes como respaldo a su teoría del caso. Presenta primero la transcripción parcial de unos mensajes interceptados entre Gildardo López Astudillo —jefe local de Guerreros Unidos en 2014 que participó en la desaparición, fue torturado para apoyar la “verdad histórica”, absuelto por ser víctima de tortura y luego se convirtió en testigo del caso con la UEILCA— y Francisco Salgado Valladares, comandante de la policía municipal de Iguala cuando ocurrieron los hechos. Los mensajes prueban su participación en el crimen. Y para nada contradicen la evidencia que existe sobre la implicación de policías estatales, federales y militares. 

En segundo lugar, incluye una transcripción parcial de mensajes interceptados entre Alejandro Palacios, jefe local de Guerreros Unidos en Huitzuco, y un hombre que no ha sido identificado, posiblemente un policía de Tepecoacuilco. En estos mensajes mencionan al Gil, apodo de López Astudillo. 

Con estas dos fuentes, López Obrador busca que toda la responsabilidad por los ataques y la desaparición recaiga en López Astudillo, una persona que sí participó en los hechos, pero como una pieza de un entramado mucho más grande, como muestran las evidencias, que el presidente ignora o evade.

La tercera fuente del libro de López Obrador es la más extraña, un tal Neto, un testigo incluido en la investigación que miente de forma descarada. El presidente cita seis páginas enteras de las declaraciones del hombre con seudónimo Neto, en las cuales dice que los estudiantes fueron asesinados, mutilados e incinerados en hornos crematorios durante la noche del 26 al 27 de septiembre de 2014.

El mandatario repite el horror que cometió Murillo Karam con los videos de torturados que contaban mentiras, repite el horror que cometió Alejandro Encinas al leer ante las familias los mensajes de WhatsApp falsificados. 

López Obrador publica una descripción falsa, horrorosa, del destino de los desaparecidos. En la misma carpeta de investigación en que se consignan las declaraciones de Neto, se encuentran los documentos que demuestran que miente: los informes entregados hace años por las funerarias y las empresas de gas de Iguala y de Cocula que prueban la imposibilidad de ese relato.

La periodista Marcela Turati también lo evidenció en febrero de 2015, cuando entrevistó a los dueños de las funerarias.

El sexenio termina con la ruptura de los familiares de los normalistas con el gobierno de López Obrador. En la imagen, posan en Ayotzinapa en 2022. (Óscar Guerrero/Cromática/ObturadorMX)

Volver a lo insostenible

Tomaron sus decisiones. En 2022 intentaron cerrar la investigación. Lograron sacar al fiscal especial y a su equipo y deshacerse del GIEI, cuyos integrantes se fueron del país después de publicar su sexto informe. Desde entonces, López Obrador se ha dedicado a defender su gobierno y al Ejército. 

No es de sorprender que el 26 de agosto de 2024, un mes antes de cumplirse diez años de la desaparición de sus hijos, el grupo principal —porque el gobierno también logró con promesas y dinero, y después de muchos años de intentos, sembrar rencores y divisiones entre las familias— de madres y padres de los normalistas se parara de la mesa y diera por terminada toda relación con el gobierno de López Obrador. “Nada más era reunión por reunión, sin avances”, me dijo Luz María Telumbre, madre de Christian Alfonso Rodríguez Telumbre, ese día. “Solo por sacarse la foto y decir ‘me reuní con los papás’, pero sin hacer nada. A este señor ni las gracias le vamos a dar”. 

“Es la imagen del fracaso”, escribió el periodista Pablo Ferri. “Pese a los buenos resultados iniciales, todo se enfangó después”. 

Y ahora la imagen del fracaso sigue enfocada en el descaro. Durante el mes de septiembre, el Gobierno federal volvió a detener a varias personas claves para la construcción inicial, y bajo tortura, de la “verdad histórica”.

Preocupa la reciente detención de Gildardo López Astudillo por un gobierno que ha mostrado una y otra vez su compromiso con la mentira. No cabe duda de que López Astudillo participó en la desaparición de los normalistas ni de que mezcló verdades y mentiras en sus declaraciones ante la UEILCA como testigo con identidad reservada.

Volverlo a interrogar no causa asombro: tiene todavía mucho que decir. Lo que inquieta es quién lo va a interrogar y en qué contexto, y bajo qué acuerdos. Descalificarlo u obligarlo a retractarse por completo de su anterior testimonio eliminaría al  principal testigo (aunque no toda la evidencia) contra los militares. 

La detención de Felipe Rodríguez Salgado —narcomenudista de bajo rango de Guerreros Unidos, detenido y torturado para apoyar la “verdad histórica”, que sale en el famoso video de Tomás Zerón de Lucio en que el exfuncionario lo amenaza de muerte—, sobre quien una fuente me dijo que le sembraron un arma para poderlo detener nuevamente, podría llevar al intento de resucitar, una vez más, alguna versión alternativa de la “verdad histórica”.

Parece que más detenciones de los miembros menores de Guerreros Unidos torturados y usados para armar la “verdad histórica” vienen en camino: el 10 de septiembre la Suprema Corte determinó reponer el proceso contra siete de ellos por el delito de delincuencia organizada. 

Parece increíble. El gobierno de López Obrador ha descalificado la “verdad histórica” en repetidas ocasiones. Cabe suponer que el presidente ordenó la detención de Murillo Karam, como él mismo narra en su libro, por su participación en esos delitos de encubrimiento.

Y aun así, apenas el pasado 24 de septiembre, Vidulfo Rosales, abogado de las familias de los normalistas desaparecidos, informó que el Gobierno federal le comunicó que habían localizado nuevos restos humanos en Cocula. 

Rosales contó: “Ayer en la noche estaban realizando el análisis de los restos encontrados en Cocula, pero nos pidieron que notificáramos al Equipo Argentino de Antropología Forense para que participara, pero las autoridades nos mandaron la notificación a las siete de la noche, diciéndonos que a las nueve realizarían la segunda etapa del análisis.

Este es un procedimiento irregular cuyo objetivo es evitar que el equipo forense que apoya a los padres y madres pueda participar en esta diligencia. Tememos que vayan a hacer un proceso adulterado respecto al reconocimiento de estos restos”.

Y así hemos vuelto, al cumplirse diez años de la desaparición forzada de los normalistas, diez años de mentiras e inventos y de desprecio, a enfrentarnos con un gobierno que se olvida de los chats de WhatsApp falsificados, que niega la existencia de los documentos militares ya descubiertos y los que no se han entregado, que ignora la montaña de evidencia científica sobre un crimen de Estado que llevan una década sosteniendo.

Es así que hemos vuelto al inicio: al basurero de Cocula, a “la asociación delictuosa entre autoridades locales y la delincuencia de la región”, y a la permanencia de un demonio dentro del Estado mexicano que nos condena al eterno retorno de la impunidad. 


*Foto de portada: Andrés Manuel López Obrador, cuando era presidente electo, en una reunión con los padres y madres de los normalistas en el Museo Memoria y Tolerancia. (Especial)


http://www.adondevanlosdesaparecidos.org es un sitio de investigación y memoria sobre las dinámicas de la desaparición en México.

Este material puede ser libremente reproducido, siempre y cuando se respete el crédito del autor y de A dónde van los desaparecidos (@DesaparecerEnMx).

Historias

Galería: Travesía visual de un viaje a Ayotzinapa

Hace exactamente diez años, el 26 de septiembre de 2014, el Estado Mexicano, en complicidad con el crimen organizado, desaparecía a 43 estudiantes de la escuela normal Isidro Burgos en Ayotzinapa, Guerrero.

Este trágico suceso dejó una marca imborrable en la memoria colectiva del país, pero también en un llamado a la acción.

El fotógrafo juarense Francisco Servin recuerda cómo, tras enterarse de lo sucedido, decidió documentar una marcha masiva en silencio en Ciudad Juárez.

En busca de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa / Foto: Francisco Servin

“A unos días de eso, me regresé a la Ciudad de México y, estando ahí, le hablé a unas amigas periodistas que se encontraban en el lugar. Les pedí ayuda para llegar, me cuestionaron por qué quería ir. Contesté mis convicciones personales, y me dijeron que iban a hablar con el consejo de padres”, relató.

«Les conté que sentía la necesidad de apoyar con mi ojo, quería apoyar a los padres y acompañarlos en el duelo. Recordaba a mi madre y sus miedos de que me pasara algo lejos de casa.

Pensé en mis amigos periodistas, Melissa del Pozo, Raúl Linares, Vania Pigneut, Samuel Adams y muchos otros más de mi familia Spleen Journal. Pensaba en que, si me pasaba algo, ellos me buscarían y acompañarían a mi madre. Así que sentí una responsabilidad para estar con las mamás de los jovenes», dijo.

Protesta por los 43 normalistas desaparecidos / Foto: Francisco Servin

Pasaron unos días sin noticias, hasta que recibió una llamada inesperada. “¿Sigues interesado en ir?”, le preguntaron. Su respuesta fue un rotundo “sí”. Así comenzó su travesía.

“Tu camión sale a las 5, en la central de Taxqueña. ¿Cómo vas vestido?”, le indicaron. Francisco, sin dudar, preparó su morral de viaje, dejó atrás todo lo que tenía pendiente y se dirigió a la central.

Al llegar, una figura se acercó a él. “-Pako, soy Miguel. Sígueme.” Le entregó un pasaje y le pidió que abordara el autobús sin hablar hasta llegar a su destino.

El viaje hacia Guerrero: una tensión palpable

Al llegar, el cielo había llorado; la lluvia caía mientras Francisco y otros pasajeros salían de la terminal en un silencio que evocaba el sordo lamento de Ciudad Juárez en 2008.

“Miguel agarró un taxi y abordamos. Después de un tiempo subiendo una montaña, al dar una curva, Miguel le dice al taxista que se hiciera alto. Me dijo que me bajara. El miedo y la incertidumbre abordó mi pensamiento, pero tenía que confiar en la fuente de mi amiga”, recordó.

Una vez en la montaña, se despidieron. “El taxi se fue con Miguel, solo vi las luces rojas como desaparecían con la siguiente curva del camino; me quedé solo con la luz de la luna, viendo las estrellas como posibilidades de que algo pasara para mal”, narró Francisco.

Después de un tiempo en soledad, otra persona emergió de los arbustos.

Un joven sostiene una vela durante una protesta en Ciudad Juárez / Foto: Francisco Servin

“No recuerdo su nombre, solo que me dijo que lo siguiera. Y así lo hice. Caminamos por horas por la vegetación de la montaña en silencio. De repente, al atravesar unas ramas, pude ver la escuela con sus murales. Habíamos llegado”, relató.

Al llegar a la escuela aquella noche, le dieron café y lo guiaron a un cuarto para descanzar. Ahí era el cuarto de los jóvenes.

El periodista acompañó a las familias por dos semanas en Ayotzinapa, Cócula, Tierra Caliente, Tierra Colorada y Tlalpa / Foto: Francisco Servin

«Me habían compartido una de sus camas (…) Estar ahí acostado un rato pensando en cama de quién estaba, pensando en dónde estaba, en su madre y en ese sentir de incertidumbre que sentía personal de una manera que ya no sé cómo narrar», señaló.

En su travesía, Francisco acompañó a las familias y activistas por dos semanas, recorriendo Ayotzinapa, Cócula, Tierra Caliente, Tierra Colorada y Tlalpa.

GALERÍA COMPLETA AQUÍ

Cada paso en ese viaje significó un esfuerzo por honrar la memoria de los 43 desaparecidos y visibilizar la lucha de sus familias, un recordatorio de que, a pesar de la distancia y el tiempo, la búsqueda de justicia y verdad sigue viva.


Actualización 15 de septiembre 2025, a las 7:21 pm

Frontera

Juarenses realizan huelga de hambre en CDMX por El Chamizal

En un acto de protesta contra la privatización de El Chamizal y los presuntos actos de corrupción del alcalde Cruz Pérez Cuéllar, tres juarenses, entre ellos, Maurilio García y Guadalupe Cruz se encuentran en huelga de hambre en la Ciudad de México desde hace unos días.

Los tres son integrantes del Frente en Defensa de El Chamizal, con lo que buscan llamar la atención sobre la necesidad de que esta área sea declarada como Zona de Restauración Ecológica.

La protesta se centra en la preocupación por la integridad del parque y los proyectos que se están desarrollando bajo la administración municipal, dio a conocer Daniel Delgadillo Díaz, integrante de la agrupación.

Las mantas fueron colocadas en diversos espacios, incluido el Zócalo capitalino. En una de las mantas que los manifestantes han desplegado, se realiza la siguiente petición al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador: «Señor presidente: Por favor no se vaya sin regresarle El Chamizal a la Patria».

Con estas acciones los activistas pretenden expresar su compromiso con la lucha por la protección del parque y la oposición a cualquier intento de privatización que ponga en riesgo su legado ambiental y cultural, comentó Delgadillo Díaz.

Placa en el parque Público El Chamizal / Foto: Angélica Villegas


Lo anterior, luego de que el pasado 20 de junio concluyó el periodo de consulta del decreto para considerar al parque El Chamizal como Zona de Restauración Ecológica, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 20 de mayo.

El análisis y el decreto de esta consulta aún no se publica de manera oficial, sin embargo, contempla que la restauración del parque dure cinco años, tras los cuales el proyecto será entregado a la Comisión Nacional Forestal (Conafor).

El activista indicó que entre los manifestantes se encuentra Maurilio García Rubio, ingeniero agrónomo y activista también de la Brigada Benito Juárez, quien ya lleva dos días en huelga.

Dijo que García Rubio ha dirigido su petición directamente a la Secretaría de Gobernación, la cual ha mostrado interés en su caso.

Según Delgadillo Díaz, representantes de Gobernación y Atención Ciudadana se han acercado a García para conocer sus demandas, solicitándole un documento formal en el que exponga las razones de su protesta.

En respuesta, el García Rubio entregó un escrito exigiendo que se investiguen las denuncias que ha presentado en contra del presidente municipal Cruz Pérez Cuéllar, relacionadas con los presuntos daños ocasionados a El Chamizal.

“Él está en huelga de hambre porque denuncia los actos de corrupción que involucran al presidente Cuéllar en temas relacionados con El Chamizal», comentó Delgadillo.

Maurilio García Rubio se encuentra en huelga desde hace 2 días en la CDMX / Foto: Cortesía

Señaló que su compañero de lucha exige un compromiso por parte del Gobierno Federal y de la nueva administración para que se investiguen a fondo estas acusaciones.

Hasta el momento, no ha habido una respuesta oficial de la Secretaría de Gobernación, pero se espera que en los próximos días se dé a conocer algún avance en la situación.

Mientras tanto, García Rubio y otras dos personas continúan con su protesta en la Ciudad de México.


ACTUALIZACIÓN 5:23 PM / 26 SEP 2026

Frontera

Adultos mayores fueron desalojados de centro de recreación

Entradas las 6 de la mañana de este miércoles, un grupo de maestros jubilados y personas de la tercera edad fueron desalojados de las instalaciones del Centro de Salud y Recreación para el Adulto Mayor, ubicado en un edificio que en la zona de Waterfil.

Jesús Polanco Silva, presidente de la asociación que operaba el centro, relató lo sucedido y expresó su desconcierto ante la situación.

«Hoy (ayer) en la mañana nos encontramos con que llegó un actuario acompañado de un licenciado y la policía para efectuar un desalojo. Supuestamente, una señora, cuyo nombre no recuerdo, está reclamando la propiedad de la escuela», explicó Polanco.

Adultos mayores afuera del centro recreativo / Foto: Redacción

Dijo que desde 2013 han trabajado para acondicionar el lugar, el cual ahora cuenta con varios talleres y servicios para los adultos mayores, como clases de yoga, danza y un club literario.

Incluso mencionó la creación de un club denominado «Tragones Anónimos», que forma parte de las actividades recreativas para los usuarios, luego de que este espacio les fue cedido en comodato.

Lo anterior, luego de que el edificio anteriormente funcionara como una escuela, la cual fue abandonada por la falta de alumnos cuando los ejidatarios se trasladaron a otras zonas.

Los artículos con los que cuenta el centro quedaron en la vía pública tras el desalojo / Foto: Redacción

«Adaptamos todo desde cero. Aquí no había drenaje, no había banquetas ni luz. Ya todo eso lo acondicionamos y el centro ha estado funcionando como asociación legalmente», añadió Polanco.

Desde entonces el centro había sido un refugio para adultos mayores, principalmente jubilados del magisterio y algunos vecinos de la zona.

El hombre también expresó que tenían todos los documentos en regla, incluido el comodato otorgado por el gobierno del estado, propietario del inmueble desde la descentralización de la educación en 1996.

Las personas de la tercera edad que operaban el centro esperaron afuera con los artículos desalojados / Foto: Redacción

Además, destacó que la asociación rendía cuentas ante el Servicio de Administración Tributaria (SAT), con un contador y un notario que validaban todas las inversiones realizadas en las instalaciones.

Sin embargo, los actuarios y agentes de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal (SSPM) ingresaron por una puerta lateral, desalojando a las personas que se encontraban en el lugar, incluido el velador.

«Nos sacaron todo lo que tenemos en el centro, incluso a una señora que estaba bajo el cuidado de la Fiscalía desde hace tres meses», señaló el presidente de la asociación.

El desalojo se extendió durante gran parte del día y los maestros jubilados no pudieron impedirlo.

Polanco informó que han comenzado a tomar medidas legales, notificando a la Sección Octava del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en Chihuahua, cuyo departamento jurídico ya está trabajando en el caso.

Además, el grupo de maestros ha solicitado el apoyo del regidor de Educación y del presidente municipal, quienes les han proporcionado asesoría legal para enfrentar el proceso.

«Todo va en marcha para revertir esto. Tenemos confianza en que podremos recuperar el centro», concluyó Polanco.

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