A los 18 años, Rodolfo Neri Vela daba clases en una secundaria desde las siete de la mañana y estudiaba ingeniería hasta las diez de la noche; entre ambas jornadas, compraba una torta de jamón antes de entrar al salón.
El primer mexicano en viajar al espacio recordó esa etapa en una entrevista difundida por la UACJ, previa a su participación en el Festival Cultural de Otoño 2026, donde compartió con estudiantes las dificultades y decisiones que marcaron su formación.

“Mi padre se quedó sin empleo y la familia atravesó un periodo complicado, así que, para continuar estudiando, tuve que buscar trabajo”, relató sobre el primer año de una carrera que entonces representaba su principal meta: convertirse en ingeniero.
Su elección profesional también tuvo un cambio de última hora, pues había pensado estudiar Ingeniería Química Metalúrgica, pero decidió ingresar a Ingeniería Mecánica y Eléctrica, para lo cual necesitaba acreditar una materia que no había cursado.
Con ayuda de un compañero, estudió dibujo constructivo durante dos semanas y presentó una evaluación ante un jurado; “yo creo que me aprobaron por compasión”, recordó entre risas sobre el examen que le permitió seguir el rumbo que había elegido.
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Ya en la UNAM, sus profesores le ofrecieron trabajos que acercaron su sustento a las aulas donde estudiaba: primero calificó tareas de matemáticas y después asesoró a alumnos de probabilidad y estadística, con una remuneración y un escritorio en la biblioteca.
En 1972, cuando todavía no se titulaba, fue uno de seis estudiantes invitados a impartir cursos propedéuticos y convertirse en profesores de asignatura; tenía 22 años y algunos de sus alumnos apenas tres menos, según contó en la entrevista.
“La vida se tiene que programar por etapas y la primera era obtener el título”, explicó Neri Vela, quien después continuó su preparación con una beca y estudios de posgrado en Inglaterra, antes de viajar al espacio a bordo del Atlantis en noviembre de 1985.
Décadas después, entre quienes acudieron a escucharlo en la UACJ estuvo Christopher Osiel Gallegos Torres, alumno de sexto de primaria que construyó, con apoyo de sus padres, un prototipo inspirado en el explorador Curiosity, con ruedas móviles, cámara y brazo articulado.
“Se siente como si estuviera soñando”, expresó Christopher sobre la oportunidad de verlo, mientras que Neri Vela compartió con los universitarios una idea nacida de su propio recorrido: “Lo importante es prepararte con dedicación”, incluso cuando todavía no se sabe qué oportunidades llegarán.







