En la colonia Melchor Ocampo, una leyenda sitúa a dos niñas tomadas de la mano en el cruce de Saltillo y 21 de Marzo, donde alguna vez hubo una leñería y donde, según el relato, se les ve al caer la noche.
Sin embargo, ningún paso suena bajo sus vestidos, porque, cuentan que las pequeñas flotan. La historia tiene raíces en un crimen ocurrido a finales de los años sesenta, cuando Ciudad Juárez crecía entre fábricas, periódicos y esperanzas de modernidad.

En aquel entonces, los titulares hablaban de progreso, pero también de sangre: dos niñas de cuatro y cinco años fueron encontradas sin vida dentro de un refrigerador abandonado.
El Barrabás
Entre el escándalo y la prisa por resolver el caso, las autoridades de aquel entonces detuvieron a un hombre conocido como El Barrabás, un exmiembro de la pandilla juvenil “Los King Kongs”.
El historiador juarense Antonio Ramos Solís platica que El Barrabás era un personaje conocido en el barrio por su afición al alcohol y su andar errante, a quien se le culpó de los asesinatos con la misma rapidez con que se dictaban las notas en la redacción.

De acuerdo con su documentación, los diarios mostraron su rostro como el del monstruo que la gente necesitaba para calmar su miedo. Pero con los años, el relato del asesino de niñas cambió de tono.
Algunos vecinos comenzaron a hablar de su inocencia, pues aquel crimen fue otro de los casos en que la justicia fabricaba culpables para cerrar expedientes. El detenido se convirtió en una sombra más del barrio: el de un hombre inocente condenado, el chivo expiatorio de un sistema ansioso por demostrar eficacia.
La otra leyenda: atrapadas dentro de un refrigerador
Con el tiempo, la historia se fundió con la leyenda. En las noches húmedas, algunos dicen escuchar el llanto de las niñas entre las calles estrechas. Otros juran haberlas visto correr bajo la lluvia, como si buscaran aún un refugio que nunca encontraron.
A veces se habla de una tragedia distinta, menos cruel pero igual de triste, donde las niñas no fueron asesinadas sino víctimas de un accidente, luego de que ese día se refugiaron solas en el viejo refrigerador, buscando escapar de la tormenta, sin saber que la puerta no podría abrirse desde dentro.
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El historiador refiere que en ese tiempo, los refrigeradores de la época tenían cerraduras herméticas imposibles de liberar sin ayuda externa.
No fue hasta los años cincuenta en Estados Unidos cuando se aprobó una ley que obligaba a los fabricantes a diseñar mecanismos de seguridad que permitieran abrirlos desde el interior.
Sin embargo, las fronteras del progreso no siempre cruzan al mismo ritmo, pues en Ciudad Juárez, muchos de esos aparatos seguían arrumbados en patios y talleres, peligrosos recuerdos de una era industrial sin regulación.
Un crimen de rumores y silencios
A pesar de que la noticia sonó en toda la ciudad e indignó a toda la comunidad juarense de la época, con el tiempo, la prensa pasó a otros temas, el barrio siguió su curso y El Barrabás se perdió en la memoria popular.
Aunque, el mito sobrevivió, alimentado por el misterio y por la costumbre de convertir el dolor en relato en la colonia Melchor Ocampo, donde los niños crecen escuchando que si oyen pasos detrás de ellos es mejor no voltear, porque podrían ver a las niñas del refrigerador o al hombre injustamente marcado como su asesino.
La colonia Melchor Ocampo es una de las zonas más emblemáticas de Ciudad Juárez, muchos la llaman con apodos como “La Malhechor”, donde bastantes crímenes se han cometido, incluso en la actualidad.
La leyenda de El Barrabás no sólo como una historia de fantasmas, es también es el reflejo de una época en que el poder podía condenar a cualquiera.
La historia sigue presente en la memoria de la Melchor Ocampo, entre versiones que hablan de un crimen o de un accidente y relatos que sitúan a las niñas en el barrio, sin que la tradición oral permita establecer qué ocurrió.







