¿Qué es pensar la memoria desde la frontera del trauma, de la pérdida, desde lo vívido con la ausencia? ¿Qué es hacer de la memoria una fortaleza para seguir y continuar luchando? La lucha contra el olvido, por la memoria de los seres queridos desaparecidos, se transforma en un pilar de la búsqueda para las familias buscadoras
El límite del campo: Textos sobre la idea de desaparición y similares (V)
Introducción
Para las familias de las personas desaparecidas, la memoria permanece en la medida en que se vivencia el acontecer cotidiano de la persona que se busca, y es una herramienta para sensibilizar a los demás y llevarlos a solidarizarse con la lucha por la búsqueda de sus seres queridos. De esta manera, se manifiesta como construcción política que, desde la posibilidad de revivir con el recuerdo y la rememoración constante, presiona al poder y a la sociedad para que se movilice y se plantee como una necesidad imperativa la búsqueda de las personas desaparecidas.
Esto lo expresa muy bien la madre buscadora Marta Leticia García Cruz, también conocida como Marletti, quien busca a su hijo César Ulises Quintero García, quien durante un evento en Guadalajara realizado a finales del 2023 dijo:
“Hace unos días mi hijo cumplió 6 años justamente (de desaparecido). Ojalá pudieran concentrarse al cerrar un poco sus ojos y que vivan lo que nosotras sentimos. Hoy, desde hace 6 años, mi hijo no ha regresado a casa, 6 años de tormentosa pesadilla ante la incertidumbre, el dolor y la lucha. A ti, a ti y también a ti te digo: intenta ahora mismo abrazar a tu ser querido con quien hayas compartido años de vivencias intensas, con quien tengas recuerdos buenos y malos; esa persona a la que hayas tocado, acariciado, con la que tienes esa complicidad con solo mirarle a los ojos. Puede ser tu pareja, tu hijo, tu padre, tu hermano o solo tu amigo. Esa persona tan especial que deja huellas en tu vida, en tu recorrido personal, con la que tienes secretos, vivencias, recuerdos que vivieron juntos, que nadie más puede contar porque son tus recuerdos, son sus recuerdos. Y míralo, míralo, aunque él no te vea, deja que siga atendiendo lo que está haciendo y guarda este registro, esa imagen, ese cuerpo con movimientos, gestos, actitudes, esos movimientos únicos que solo él tiene, esos gestos tan suyos, tan peculiares, que lo caracterizan y que son tan especiales para ti. Su sonrisa, su mirada, su mueca distraída o sus risas y gestos, sus bailes al cantar, lo que sea, guárdalos, pero guárdalos sobre una superficie imborrable de tu memoria…” [1]
El historiador francés Pierre Nora estableció una caracterización de la memoria en contraste siempre con la historia. De este modo, considera que “La memoria es la vida…, está en evolución permanente, abierta a la dialéctica del recuerdo y del olvido, inconsciente de sus deformaciones sucesivas, vulnerable a todas las utilizaciones y manipulaciones…”, además, la memoria “es afectiva y mágica” por lo que “sólo se acomoda de detalles que la reconfortan; ella se alimenta de recuerdos vagos, globales o flotantes, particulares o simbólicos, sensible a todas las transferencias, ilusiones, censuras o proyecciones”; la historia en cambio es una reconstrucción “siempre problemática e incompleta”, es una “operación intelectual y laica, que demanda análisis y discurso crítico” [2].
Mientras la memoria instala el recuerdo en lo sagrado, la historia lo desaloja y lo convierte siempre en algo prosaico; la historia tiene una vocación por lo universal, la memoria es particular y plural.
En síntesis, para Nora, la memoria se finca en lo concreto; el presente aplasta el pasado en sus exigencias, la memoria es siempre actual, basada en lo vivido “como un eterno presente”, mientras que la historia se reconoce como una representación e interpretación del pasado, “sólo se ata a las continuidades temporales, a las evoluciones y a las relaciones entre las cosas. La memoria es un absoluto y la historia sólo conoce lo relativo” [3].
De este modo, la memoria es indiferente a las estigmatizaciones y criminalizaciones que pueden surgir desde la crítica o la sospecha como formas de acallar la justeza de la búsqueda de las víctimas indirectas. La memoria se alimenta de afectos y, en su búsqueda de justicia, reivindica al ser humano y lo eleva en su esencia relacional.
La memoria, para los familiares y personas amigas y cercanas a las personas desaparecidas, es la posibilidad de colocar a su ser amado en el espacio de la sociedad como de interés colectivo y eje de identidad con los otros. De esta manera, se trasciende la frontera del olvido y se hace presente la necesidad de ser buscado como derecho humano.

Memoria, recuerdo y desaparecidos
El mantener la reconstrucción de la memoria de las personas desaparecidas es fundamental en la búsqueda, pues contrarresta los intentos de borrado de la memoria particular y colectiva de los desaparecidos. Y esto ocurre desde la subsunción de la víctima a las cifras oficiales, su reducción a la puesta en marcha de trámites administrativos y de procedimientos judiciales. La memoria de los desaparecidos reivindicada y revivida constantemente por sus seres queridos es una forma de lucha política que denuncia un crimen, una violación grave de derechos humanos, y que llama al poder a rendir cuentas sobre sus responsabilidades en la garantía de los derechos y en el cumplimiento efectivo y diligente del derecho a ser buscado.
Este carácter disruptivo y hasta contrahegemónico de la memoria lo expresa Xiomara Steffy Sarmiento Riaño, una joven buscadora colombiana que busca a su padre, Omar Sarmiento Delgadillo, guerrillero urbano de las Farc-EP al momento en que fue asesinado y desaparecido por las Fuerzas Militares de Colombia. En un evento organizado por la Universidad Nacional de Colombia, expuso la necesidad de reconstruir la memoria de los seres queridos por encima del discurso hegemónico u oficial para que se manifieste en su potencial en la búsqueda de las víctimas de desaparición:
“Cuando hablamos de reconstrucción de memoria, la búsqueda de personas dadas por desaparecidas es crucial […] Cuando desaparecen a alguien también intentan borrar su memoria, también lo intentan borrar como sujeto histórico. Entonces cuando hablamos de reconstrucción de memoria también hablamos de que a través de la búsqueda vamos a reposicionar dentro de las memorias hegemónicas otro tipo de memorias […] entonces, cuando nosotros nombramos un desaparecido, cuando nosotros reivindicamos la historia de vida de una persona dada por desaparecida estamos haciendo mella en esa memoria hegemónica y damos cuenta de que hay unas memorias contrahegemónicas que hoy están buscando salir […] memoria también es buscar desaparecidos y es un acto sumamente reivindicativo que nombremos su obra, su labor, sus posiciones políticas, cómo eran como familia, qué les gustaba comer, qué les gustaba hacer, todo esto también hace parte de la memoria” [4].
La memoria y el recuerdo se materializan en actos que en la vida cotidiana permiten contacto con ese pasado inconcluso, que no se cierra hasta encontrar al ser querido. En este empeño, madres, padres, familiares y personas amigas construyen memoria con playeras, bolsos, llaveros y hasta fundas de celular en las que registran las fotografías de sus desaparecidos. Es un llamado a que su memoria individual se haga colectiva, una lucha contra el olvido y una denuncia que hace presente y le recuerda constantemente a la sociedad que también son sus desaparecidos. De este modo, las víctimas indirectas, su familia biológica y social, hacen de sí mismas, de lo que portan, un lugar de memoria.
Es así, por ejemplo, que alrededor del mundial 2026, la participación de las colectivas de búsqueda ha sido central en visibilizar la problemática de la desaparición en México a nivel nacional e internacional con manifestaciones y plantones de protesta en las que portan camisetas de la selección nacional mexicana de futbol con la fotografía de las personas desaparecidas que buscan y con mensajes como: “¿Dónde están? +133mil personas desaparecidas”.

Contramonumentos y plazas como “lugares de la memoria”
La lucha por instalar una memoria contrahegemónica se despliega también en la disputa del uso público del discurso e historia establecidos por el Estado, para colocar en primer plano a la desaparición como un problema que le concierne y que increpa a toda la sociedad. Un ejemplo claro de esta lucha por establecer nuevos lugares de memoria o resignificar los oficiales es el Antimonumento +43, instalado por los familiares de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, para recordarle a la sociedad que nos faltan 43.
De acuerdo con el lugar y significado que ocupan procesos como el del antimonumento +43, resulta esclarecedor recurrir nuevamente a Pierre Nora, esta vez por el concepto acuñado por él como Les lieux de mémoire, es decir, los lugares de memoria, que define como “toda unidad significativa, de orden material o ideal, que la voluntad de los hombres [de las personas] o el trabajo del tiempo convirtieron en elemento simbólico del patrimonio memorial de una comunidad cualquiera” [6].
Se trata, entonces, de aquellos elementos materiales como los monumentos, museos, archivos, placas conmemorativas, edificios, parques, plazas, entre otros, o inmateriales como un himno, una canción, fechas conmemorativas, símbolos, lemas o frases que han sido cargados de significados para una comunidad, ya sea por impulso o iniciativa del Estado o por sectores de la comunidad misma.
Por sí mismas, ni la materialidad o inmaterialidad del lugar de memoria son las que le otorgan la condición de tal, sino que es el significado de memoria y su pervivencia en el tiempo el que le da su condición de lugar de memoria; lo que llama Pierre Nora “la voluntad de memoria” [7]. Y este es un proceso de luchas en el espacio y el debate público por la memoria, que implica el enfrentamiento de intereses en un sitio que se plantea en disputa por su significado público.
Esta lucha por la memoria también se puede ilustrar, por ejemplo, en la resignificación de fechas como el 10 de mayo, convirtiendo un día de celebración en una fecha de lucha, protesta y de memoria. Asimismo, en la materialidad de la lucha por la memoria, continuando con la construcción o resignificación alternativa de monumentos, vale la pena fijar la atención en el caso del intento de instalación de un antimonumento en Guadalajara que fue saboteado por la administración del Estado de Jalisco.
Así, en Guadalajara, la disputa por la memoria en el enfrentamiento con el poder estatal se puede rastrear con el llamado antimonumento 5J, en donde se manifiesta y busca un símbolo de la lucha en contra de la represión, la cual es asimilada en los casos de desaparición forzada como una lucha conjunta con otros movimientos sociales.
Con la instauración del antimonumento se exigía verdad, memoria y justicia ante los eventos de represión que las fuerzas de seguridad del Estado de Jalisco emprendieron el 4, 5 y 6 de junio de 2020 contra jóvenes que se manifestaban por la muerte, bajo detención policial, de Giovanny López. Estas manifestaciones resultaron con más de 100 jóvenes detenidos y torturados, sin que hasta la fecha se haya procesado a algún servidor público por estos hechos.
El antimonumento como memorial que recordaba esta represión y la impunidad ante los actos violatorios de derechos humanos fue colocado el 5 de junio de 2023 por colectivos de derechos humanos de la ciudad y el estado en la Plaza de Armas frente al Palacio de Gobierno del Estado. Sin embargo, esa misma noche fue retirado por las autoridades. Desde entonces, se estableció una batalla jurídica por su instalación en la que los juzgados emitieron disposiciones a favor de la restitución del antimonumento; no obstante, hasta el día de hoy no se ha reinstalado [8].
Es así como el recuerdo y la memoria que implicaba el antimonumento se profundiza doblemente en su carácter de lucha contra el olvido en Guadalajara, pues muestra la continuidad de la injusticia con la retirada del antimonumento 5J y evidencia la negativa de facto de la administración a colocarlo nuevamente, lo que coloca al descubierto su carácter represivo y autoritario. Con esta denuncia también se identifican las colectivas de búsqueda y las personas defensoras de derechos humanos.
Asimismo, las disputas de las madres de las colectivas de familias buscadoras materializan su lucha por la memoria mediante la resignificación de plazas e instalación de monumentos, que se conforman como alternativas a los lugares de memoria impuestos por el Estado, disputando el significado de estos lugares que, desde el discurso oficial de nación, se han constituido como referentes.
Las colectivas los han tomado para sembrarlos de nuevos contenidos y significados en torno al problema de la desaparición y a la puesta en presencia de sus seres amados buscados. Este proceso se ha vivido en casi todas las principales ciudades de México, donde los familiares de las personas desaparecidas se niegan al olvido y se hacen memoria presente con fotografías, con sus nombres, objetos personales, con mensajes, flores y velas. Es la memoria viva de las personas desaparecidas y de la desaparición como algo presente en la realidad local, regional y nacional.
Así, por ejemplo, la Plaza Regina Martínez en Xalapa, Veracruz, condensa múltiples memorias que coinciden en la desaparición, desde su nombre que hace homenaje y rememora a Regina Martínez, periodista asesinada el 28 de abril de 2012. Regina investigaba sobre los vínculos entre el crimen organizado, los gobiernos de Veracruz y las desapariciones y fosas comunes en la entidad.
En 2015, un grupo de activistas, periodistas e intelectuales renombraron la Plaza Sebastián Lerdo de Tejada, oficialmente bautizada con el nombre de uno de los líderes de la Reforma y presidente de la República Restaurada, como Plaza Regina Martínez. El acto de renombrar la plaza por la persona de la periodista asesinada se instituyó mediante la colocación de una placa, y desde entonces se constituyó en un lugar de encuentro de colectivos de derechos humanos y familias buscadoras de personas desaparecidas [9].
Además, está la memoria de las familias buscadoras. En esta plaza, las colectivas de búsqueda realizan plantones y actos en los que ponen de presente a sus desaparecidos, allí también se reúnen otras causas en defensa de los derechos humanos: es un sitio renombrado en el que se materializan y despliegan memorias contrahegemónicas y en donde se denuncia.

Otra muestra de esta construcción de una memoria contrahegemónica erigida desde la lucha en contra del olvido por las familias buscadoras es la Glorieta de las y los Desaparecidos en Guadalajara. En marzo de 2018, este lugar fue rebautizado en el marco de las manifestaciones que exigían la localización de los estudiantes de la Universidad de Medios Audiovisuales de Guadalajara, Javier Salomón Aceves, Jesús Daniel Díaz y Marco Francisco García, y un estudiante del Centro Universitario de Ciencias de la Salud, César Arellano, desaparecidos el 19 de marzo por un grupo criminal. Durante las movilizaciones, alrededor de 6500 personas se reunieron en la Glorieta de los Niños Héroes, llamada así en honor a los cadetes sacrificados en 1847 durante la invasión de Estados Unidos en la guerra contra México; dicho espacio fue renombrado desde entonces por las familias buscadoras y los defensores de derechos humanos como la Glorieta de las y los Desaparecidos. A partir de ese momento, se convirtió en sitio de reunión y de encuentro en el que se muestran de manera permanente las fichas de búsqueda de los desaparecidos, con fotografías y mensajes que los recuerdan y claman por ellos [10].
La Glorieta de las y los Desaparecidos es el mejor ejemplo de esa resignificación de un lugar de memoria oficial que es convertido por un sector de la sociedad en un monumento en contra de la indiferencia y del olvido en el segundo lugar como estado con mayores registros de reportes de personas desaparecidas y no localizadas en el país.
Los ejemplos se repiten en la mayoría de las principales ciudades del país. En Ciudad de México está en el Paseo de la Reforma la Glorieta de las y los Desaparecidos que renombró la tradicionalmente llamada Glorieta de la Palma; en Monterrey, la Plaza de los Desaparecidos antes conocida como Plaza de los Toreros; en Colima, la Plaza de las y los Desaparecidos antes denominada Rotonda de los Colimenses Ilustres, y así podríamos continuar. Lo común es que plasman el clamor de la búsqueda de las familias buscadoras por la presencia de su memoria, la cual escribe sobre los muros y lugares históricos otra historia distinta a la oficial: la del sufrimiento, la pérdida y la ausencia, la de la denuncia clamando por la memoria de los desaparecidos, para que sean también una movilización y sensibilización colectiva nuestros desaparecidos.
En Colombia, hablan de sus personas desaparecidas en varias décadas de conflicto armado interno como las siempre vivas o los siempre vivos, porque mientras no se sepa en dónde están, para la memoria de sus seres queridos siempre estarán en el recuerdo vivo. De esta misma manera, en México, la memoria de las personas desaparecidas vive en la lucha de las familias buscadoras, en su recuerdo personal; se abre paso en el espacio público y en los usos públicos de la memoria. El recuerdo vivo de las personas desaparecidas a través de sus familiares toma espacios que antes hacían parte de la narrativa oficial, y así se hacen presentes y claman ante la sociedad la urgencia de actuar en contra de la indiferencia y por la búsqueda y localización de las personas desaparecidas en México. Es la memoria como instrumento para la búsqueda, y una increpación a que las desapariciones, ni sigan ocurriendo, ni se repitan.
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En 2026, el Laboratorio de Estudios sobre Violencia en la Frontera (LEVIF, de El Colegio de la Frontera Norte), junto al Centro de Investigación La Norma y la Imagen Contemporánea (CINIC) de la Universitat Jaume I, abrieron la sección “Frontera de ausentes” para explorar las fortalezas y límites de las disciplinas artísticas y los campos académicos, así como para tratar el tema de la desaparición y otros que atraviesan este fenómeno, con textos ensayísticos y de creación literaria.
El LEVIF es un proyecto académico y humanista de El Colegio de la Frontera Norte que tiene como objetivo analizar la violencia criminal en esta región fronteriza, generar eventos y documentos de divulgación científica sobre el tema. El CINIC de la Universitat Jaume I es un espacio interdisciplinar dedicado al estudio sociológico, jurídico y de crítica cultural acerca de las relaciones entre las normas jurídicas, éticas y morales con las formas de representación visual contemporáneas.
Este texto es una colaboración entre el LEVIF (https://www.colef.mx/levif/) de El Colegio de la Frontera Norte (Unidad Matamoros, Tamaulipas, México), el CINIC (https://blogs.uji.es/cinic/?page_id=179) de la Universitat Jaume I (Castellón, España) y A dónde van los desaparecidos.
Boris Alexander Caballero Escorcia es escritor e investigador social. Analista de contexto en Colombia y México. Consultor en temas de derechos humanos y sus violaciones graves en el marco de conflictos armados, operación del crimen organizado y de grupos armados irregulares.
La opinión vertida en esta columna es responsabilidad de quien la escribe. No necesariamente refleja la posición del LEVIF, del CINIC ni de A dónde van los desaparecidos.
Publicación original en A dónde van los desaparecidos que puedes consultar aquí
Referencias
[1] CUCSH Oficial, “La Desaparición de Personas en México. Lucha, Memoria y Resistencia desde la Sociedad Civil”, You Tube, 6 de diciembre 2023, video, 26:40-28:48 https://www.youtube.com/watch?v=gD7Hl6cibmI
[2] Nora, Pierre, “Entre memoria e história. A problemática dos lugares”, traducción de Yara Aun Khoury, Projeto História. Revista do Programa de Estudos Pós-graduados em História e do Departamento de História, vol. 10, 1993, p. 9, https://revistas.pucsp.br/index.php/revph/article/view/12101
[3] Ídem. Énfasis propio.
[4] Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, “Sesión 11. La búsqueda intergeneracional y social de actores del conflicto armado desaparecidos”, Youtube, 8 de mayo de 2026, video, 57:23 – 59:01 https://www.youtube.com/live/Z3VfvFmIf_k
[5] Nación321, “ ‘Dónde están?’: así lucen las playeras mundialistas de protesta por personas desaparecidas”, Nación321, 22 de mayo de 2026 https://www.nacion321.com/ciudadanos/2026/05/22/donde-estan-asi-lucen-las-playeras-mundialistas-de-protesta-por-personas-desaparecidas/
[6] Nora, Pierre (autor) y Rilla, José (edición y selección de textos), Pierre Nora en Les lieux de mémoire, traducción de Laura Masello, Ediciones Trilce, Montevideo (Uruguay), 2008, p. 111. https://horomicos.wordpress.com/wp-content/uploads/2020/07/nora_lugares_memoria.pdf
[7] Ibídem, p. 33.
[8] El 4 de junio de 2026 ante la conmemoración de otro año sin el antimonumento 5J representantes de Morena ante el Congreso estatal reclamaban su reinstalación denunciando que no se sabía de su paradero. Isaura López Villalobos, “Desde el Congreso, le recuerdan a Guadalajara que debe reinstalar el antimonumento 5J”, Radio UdeG, 04 de junio de 2026 https://udgtv.com/noticias/exigen-en-jalisco-reinstalar-antimonumento-5j-de-morena/319591
[9] Ariadna García, “Plaza Lerdo de Xalapa, ¿por qué se le llama también Plaza Regina? Te contamos el motivo”, Diario de Xalapa, 18 de marzo de 2024 https://oem.com.mx/diariodexalapa/local/plaza-sebastian-lerdo-de-tejada-en-xalapa-por-que-se-le-llama-tambien-plaza-regina-martinez-13442141
[10] Luz Borja, “’Glorieta de las y los Desaparecidos’, historia de su resignificación”, Infprmado.Mx, 27 de agosto de 2024 https://www.informador.mx/jalisco/Glorieta-de-las-y-los-Desaparecidos-historia-de-su-resignificacion-20240827-0075.html







