Mucho antes de que el futbol se convirtiera en una pasión que llena estadios y paraliza al país, una pelota ya ocupaba un lugar central en la vida de los pueblos originarios de México, donde cada partido representaba el equilibrio del universo y la conexión entre lo humano y lo sagrado.
Mucho antes de que el futbol llenara estadios y se convirtiera en el deporte más popular del país, los pueblos originarios de México practicaban un juego donde una pelota simbolizaba el movimiento del universo.
Esa tradición surgió hace más de 3 mil 600 años y convirtió al balón en un elemento con profundo significado religioso, político y social, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Las investigaciones arqueológicas del INAH reportan que los vestigios más antiguos del juego de pelota mesoamericano fueron localizados en Paso de la Amada, Chiapas, los cuales datan del año 1650 antes de Cristo.
Con el paso de los siglos, esta práctica se extendió por gran parte de Mesoamérica, lo que dejó evidencia en sitios como Cantona, Puebla, Teotihuacan y Paquimé, Chihuahua.
El juego sagrado
El balón utilizado por los pueblos originarios era elaborado con hule natural obtenido del árbol Castilla elástica, según la información del INAH, la pelota podía pesar hasta 4 kilos, una característica que hacía del juego una actividad físicamente exigente y muy distinta al futbol moderno.

La investigadora Teresa Uriarte, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), documentó que el recorrido del balón representaba el movimiento de los astros y el equilibrio entre el Sol y la Luna.

De acuerdo con investigaciones del INAH y especialistas en arqueología mesoamericana, las canchas del juego de pelota eran escenarios ceremoniales, ya que estaban considerados como portales entre el mundo terrenal y el espiritual.
En este sentido, cada partido del juego de pelota recreaba el equilibrio entre fuerzas opuestas y formaba parte de rituales que buscaban mantener el orden del universo.

Cantona, Puebla, por ejemplo, aún conserva 24 canchas de juego de pelota, la mayor cantidad registrada en un sitio mesoamericano, mientras que los vestigios hallados en Paquimé, Chihuahua, muestran que esta tradición ceremonial también se extendió hacia las sociedades de Oasisamérica.
Las reglas consistían en que los jugadores tenían prohibido utilizar las manos y los pies para golpear la pelota, por lo que recurrían principalmente a la cadera, los codos y las rodillas para mantenerla en movimiento.

El encuentro terminaba cuando el balón atravesaba un aro de piedra colocado en posición vertical. Aunque el juego también reforzaba las alianzas políticas, ceremonias religiosas y la cohesión de las comunidades que lo practicaban.
El primer partido en México
Sin embargo, hacia finales del siglo XIX, con la llegada de ingenieros, médicos y trabajadores británicos vinculados a la minería y al desarrollo industrial durante el Porfiriato, la historia del balón en México cambió.
Ese intercambio cultural introdujo el futbol asociación como una actividad recreativa entre las comunidades extranjeras establecidas en el país, de acuerdo con la Federación Mexicana de Futbol (FMF).

La reseña histórica de la FMF ubica el primer partido documentado de futbol en México el 1 de noviembre de 1891 en San Cristóbal, Ecatepec, un encuentro donde se enfrentaron los equipos Pearson Wanderers y San Cristóbal Swifts, con triunfo de un gol por cero para los Wanderers.

De manera que la propia FMF reconoce al Pachuca British Club, fundado en 1900 por trabajadores mineros británicos, como el club de futbol más antiguo del país.
Dos años después surgió la primera liga organizada, integrada por equipos de origen inglés que incluso mantenían la costumbre de compartir una ceremonia del té al finalizar los partidos.
Una nueva pasión
Aunque el futbol dejó de ser una práctica exclusiva de extranjeros durante las primeras décadas del siglo XX, con la fundación del Club México en 1910, el cual impulsó la participación de jugadores nacionales y abrió paso a la creación de la Federación Mexicana de Futbol en 1922.

La profesionalización llegó 20 años después, hasta 1943, periodo en el que el futbol se transformó en un espectáculo de masas. Según datos del INEGI, la industria deportiva aporta alrededor del 0.6 por ciento del PIB nacional, mientras el futbol genera una derrama económica superior a los cinco mil millones de dólares al año.

Desde entonces, este deporte se convirtió en una de las mayores pasiones de México y de gran parte de América Latina, una región donde Brasil y Argentina han conquistado en varias ocasiones la Copa del Mundo.
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México reforzó ese vínculo al convertirse en el primer país en organizar dos Copas del Mundo de la FIFA, en 1970 y 1986, torneo que además quedó marcado por la consagración de Diego Armando Maradona y el histórico partido frente a Inglaterra.

Sin embargo, la historia del balón en territorio mexicano comenzó miles de años, mucho antes de que existieran los estadios y las ligas profesionales, con un significado diferente, pues representaba la unión del hombre con lo sagrado y lo divino.
Hoy el futbol mueve multitudes, industrias y emociones, pero la historia del balón en México comenzó miles de años antes sobre canchas ceremoniales donde cada jugada simbolizaba el movimiento de los astros, un legado que recuerda que este deporte también nació como una expresión cultural ligada al equilibrio entre las personas, la naturaleza y el universo.
**Este es un reportaje de Radio Fórmula. Si quieres ver el artículo original da click aquí**








