Las cartas ya no eran únicamente dibujos, el corazón, la sirena, el venado y otras figuras de la lotería mexicana podían recorrerse con los dedos, mientras sus nombres escritos en braille permitían reconocer un juego que normalmente depende de la vista.
Entre quienes probaron aquella adaptación estuvo un niño con discapacidad visual que llevaba tiempo queriendo jugar a la lotería mexicana y que esa tarde pudo acercarse a sus figuras mediante el tacto.
Después de verlo participar, su padre buscó a Francisco Rodríguez, uno de los participantes de la propuesta, para contarle lo que significaba aquel momento: su hijo finalmente podía percibir y leer con las manos un juego que siempre había querido conocer.
Cartas que tocan
La adaptación formó parte de México Sensorial, una experiencia realizada el 9 de septiembre en la Biblioteca Central Carlos Montemayor de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez para explorar expresiones culturales mediante distintos sentidos.
Uno de sus componentes fue Marmolotería Mexicana, una serie de 11 obras realizadas en mármol travertino por Javier Rodríguez, Javier Rodríguez Jr. y Alexa Valeria García Ogaz.
Las figuras del corazón, venado, mundo, sirena, estrella, sol, calavera, pera, araña, campana y rosa fueron llevadas al relieve para que pudieran reconocerse mediante las manos y no únicamente a través de una imagen.
Las piezas incorporaron además el efecto Moiré, producido por la superposición de patrones lineales, con el que algunas figuras generaban una sensación de movimiento al deslizar una superficie sobre ellas.
Jugar distinto
La lotería adaptada también modificó sus tablas tradicionales: en lugar de 16 imágenes, cada una contenía ocho figuras para hacer más sencillo el recorrido táctil.
Francisco explicó que la reducción buscaba evitar que explorar cada tabla resultara cansado y permitiera concentrarse en reconocer las figuras y disfrutar el juego.
“Decidimos colocar ocho imágenes en cada tabla para que el recorrido táctil no resultara cansado para los niños y pudieran disfrutar verdaderamente el juego”, explicó.
Los nombres de las imágenes fueron incorporados en sistema braille, de manera que las cartas pudieran identificarse mediante una combinación de relieve y lectura táctil.
Más que mirar
México Sensorial incorporó otras actividades que seguían la misma idea: acercarse a expresiones artísticas y culturales sin depender únicamente de aquello que puede observarse.
Hubo talleres de alfarería y pintura, experiencias sonoras y poesía susurrada mediante tubos decorados conocidos como susurradores, a través de los cuales una persona recitaba versos mientras otra escuchaba desde el extremo opuesto.
La jornada reunió a integrantes de la comunidad universitaria, público en general, usuarios del Centro de Estudios para Invidentes, niños de la Estancia Infantil del Instituto de Ciencias Sociales y Administración y estudiantes universitarios.
La actividad se realizó durante el Octavo Encuentro de Desarrollo de Habilidades Informacionales en Educación Superior, aunque para Francisco Rodríguez el significado del trabajo terminó concentrándose en una experiencia mucho más pequeña.
El padre del niño le explicó que su hijo siempre había querido jugar a la lotería mexicana y que por primera vez podía acercarse al juego con sus propias manos.
“Cuando escuché al padre decir que su hijo siempre había querido jugar a la lotería, entendí que había valido todo el esfuerzo que estuvimos haciendo. Queremos que los niños puedan acercarse, tocar y disfrutar algo que también les pertenece”, expresó Francisco.
Antes de irse, el niño se llevó algo más que la experiencia de aquella tarde: Francisco tomó uno de los juegos adaptados y se lo regaló para que la lotería pudiera seguir entre sus manos después de salir de la biblioteca.








